Meditación de la Sonrisa

Meditación de la sonrisa

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Transcripción de la meditación

Toma conciencia de la posición de tu cuerpo.

Toma conciencia del apoyo en la silla, cogín, en el que estés

y siente tu columna erguida, pero no rígida ni tensa, consciente de tu columna,

consciente de tu equilibrio en lo físico que de alguna u otra forma está ligado a tu equilibrio mental.

Busca una postura que sea cómoda y consciente a la vez. Siente tu apoyo en el asiento

y siente la línea que une tu perineo con la coronilla.

Tres hombros ligeramente hacia atrás y abajo, tan solo en intención, sin forzar.

Y deja que el resto de tu cuerpo se relaje.

Atiende a tu respiración.

Observa cómo el aire entra y sale

por tus fosas nasales, conductos nasales, pulmones.

Tal y cómo se está produciendo tu respiración, es adecuado.

Tú tan solo observas, lo juzgas, ni comparas, ni pretendes modificar. Está bien así.

Siente a cómo al inspirar, algo en ti se expande, se apecho, se abdomen. Y cómo al inspirar, aquello se contrae, se apecho, se abdomen.

Hay un movimiento vital que parece ajeno a tu voluntad, que es la pulsión de la vida, que en este momento se muestra en tu inspiración y aspiración.

Siente cómo ese movimiento respiratorio masajea a todos los órganos internos de tu cuerpo.

Afecta estómago, intestinos, hígado, riñones, páncreas, vaso,

corazón. Incluso el cerebro es afectado por la respiración.

Tus músculos y huesos

bailan con la pulsión respiratoria. Se dejan becer a cunar.

Siente cómo la columna pretende expandirse, alargarse cuando inspiras.

Y parece contraerse cuando expiras.

Al inspirar parece que se separan las vertebras y masajean las zonas intervertebrales. Siente eso a lo largo de toda tu columna.

Siente tus vertebras cervicales, tu boca.

Lleva la atención a tu mandíbula. Relaja. Relaja.

Siente cómo relajar la mandíbula. También se relaja cierta tensión en los oídos.

Se relaja también tu garganta, tu lengua.

Esa señora tan curiosa que investiga continuamente entre los dientes. Deja que repose. Siente.

Antíbula, lengua, nuca, garganta y toda tu cara también se relaja.

También tu frente. Tu cuero cabelludo.

Toda tu cabeza está en relax. Sientelo.

Observa la línea imaginaria que va de la cabuisura de tus labios al respectivo rabillo del ojo. Siente una línea y otra línea, izquierda y derecha. Siente.

Juega a dibujar una sonrisa muy leve.

Sintiendo esas dos líneas que te digo.

Muy leve, juega. A dibujar la sonrisa y a borrarla. Juega.

Hasta que consigas una sonrisa que parece ser que no se nota mirada desde fuera. No se sabe si está sonriéndolo.

Pero en tu intención sí.

Eso es. Ante una sonrisa muy muy ligera en tu cara.

Y date cuenta como al borrarla. Parece que hay una pulsión para mantener esa sonrisa en tu interior.

De tal forma

que parece que la sonrisa está y no importa si se vea o no desde fuera. Quédate con esa sonrisa interior. Experimenta.

Mira a ver en esa sonrisa interior.

Cuánta paz le cabe.

Mira a ver.

Cuánta apertura y aceptación cabe en esa sonrisa tuya.

Mira a ver en esa sonrisa. Cuánta alegría cabe. Mira a ver. Cuánta amor cabe en tu sonrisa interior. Mira a ver. Mira a ver. Mira a ver. Mira a ver. Mira a ver. Mira a ver. Mira a ver. Mira a ver. Mira a ver.

Mira a ver.

Ya no necesitas llegar a tu sonrisa interior desde el gesto de tu cara.

Ya sabes que tu sonrisa interior

es externa e imperturbable.

Sabes que siempre estará ahí.

Es la sonrisa de la alegría del ser.

Es la sonrisa de la alegría de ser.

Mira a ver.

Vuelve a conectar la sonrisa de tu cara con tu sonrisa interior.

Mira a ver.

Y recuerda

que en los momentos en que puedas olvidar que tu sonrisa interior, tu paz, tu alegría, tu amor puedan parecer no estar presentes. Los puedes evocar

con el gesto, con la sonrisa de tu cara.

Paz y amor a todos los seres.

Habilidades

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Publicado el

23/09/2026

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