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Transcripción de la meditación
Siento el apoyo de mi cuerpo en la silla si yo no sofá en el que esté apoyado. Y mantengo los ojos abiertos. Siento mi respiración. No intervengo, no analizo, no comparo, no la juzgo. La dejo ser.
Me doy cuenta de que mi respiración sucede sin que intervenga mi voluntad. Simplemente ocurre. Este es un primer atisbo de sentir una pulsión o voluntad aparentemente ajena a mi mente. Con los ojos abiertos, sin moverlos, tan solo parpadeando cuando se necesite, busco la actitud de la mirada perdida. Sin enfocar a ningún objeto. Me doy cuenta de los bordes de mi campo visual. Y siento que mis ojos son ventanas al mundo que permiten ver sin alterar lo visto. Dejo que la información de la luz a través de los objetos atraviese mis pupilas sin que la mente intervenga para nada. Soy el puro her sin interpretación alguna. Soy el objetivo de una cámara fotográfica que solo registra y no interviene. Imagino, siento que soy el puro ver sin sujeto ni objetos. Permito con la misma actitud que el ver que mis oídos registren todos los sonidos. Mi voz, los ruidos de la calle, los vecinos, los coches, mis ruidos corporales. Sé que mi nariz tiene el potencial de registrar todos los olores. Sé que mi boca puede reconocer sabores. También sé que mi piel siente el roce con mi ropa. Y que mis manos pueden reconocer las formas y texturas de los objetos. Siento todos mis sentidos en el total potencial de registrar, reconocer, permitir, aceptar toda la información que le llega.
Eso que percibe vista, oído, olfato, gusto y tacto es permanente e inalterable. Es paz y acogida. No juzga, todo lo permite. Solo hay percepción, no hay pensamiento.
Ese espacio de paz y acogida que todo lo permite, puedo nombrarlo como yo soy.
Haz tres o cuatro respiraciones un poco más intensas. Te invito a hacer un micro movimiento con una mano de no más de un milímetro de recorrido de cualquier dedo. Imagina ser un bebé de un mes que ve como su mano se mueve, pero aún no sabe que es su mano. Mira cómo se maravilla del movimiento de la vida, del puro contemplar la existencia. Vuelve a hacer varias respiraciones un poco más profundas. Y cuando te apetezca sal de tu estado meditativo. Un abrazo.
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